Esta sección reúne las preguntas más frecuentes sobre La Casa G. Las respuestas se basan en la experiencia real de diseño, construcción y operación de la vivienda, con datos concretos, tecnologías aplicadas y aprendizajes a lo largo de los 15 años de vida del emprendimiento.
La Casa G es una vivienda moderna, inteligente y 100% eléctrica que nació hace más de 15 años con un propósito claro: demostrar que construir de manera sustentable en Argentina no solo es posible, sino conveniente. Se diseñó con criterios bioclimáticos, aislaciones de alto desempeño y energías renovables para reducir el consumo y las emisiones, manteniendo un confort superior al de una casa estándar.
El proyecto recibió el apoyo de más de 50 empresas que aportaron materiales y tecnologías de última generación. La experiencia se difundió en charlas, medios, entrevistas y documentales, alcanzando a más de 50 millones de personas de habla hispana. La Casa G fue reconocida con los Premios Latinoamérica Verde y otros galardones, y se consolidó como un hito en la construcción sustentable de la región.
El germen del proyecto aparece en 1999. Un corte de luz en un edificio de Buenos Aires obligó a Charly Karamanian a cargar packs de agua mineral por la escalera y desencadenó una reflexión: la huella de carbono y el desperdicio asociados a transportar agua embotellada cuando existe agua potable de red. Desde entonces su familia adoptó el compromiso de evitar el agua envasada y de comprender el impacto de nuestras decisiones cotidianas en los ecosistemas.
Con el correr de los años y ya con hijos, la familia decidió alinear propósito, capacidades y necesidad para impulsar soluciones sostenibles, crear una casa que acompañara hábitos responsables y desarrollar un plan de difusión para acercar tecnologías limpias al mercado local. Así nació La Casa G como un proyecto sin fines de lucro dedicado a promover eficiencia energética, energías renovables y buenas prácticas ambientales en la construcción.
Optar por la electricidad permite eliminar el gas y sus emisiones en el punto de consumo, y aprovechar tecnologías más eficientes. La Casa G utiliza aerotermia mediante una bomba de calor inverter (LG Therma V), capaz de extraer energía del aire exterior. Este sistema es hasta cuatro veces más eficiente que una caldera a gas.
El agua caliente circula por un suelo radiante sectorizado para calefacción y también abastece el agua sanitaria en días nublados. En verano, el circuito de agua fría alimenta fancoils para refrescar los ambientes. La vivienda se completa con energía solar térmica (cuatro colectores y dos termotanques de 300 litros) y energía fotovoltaica (12 paneles con baterías de litio), lo que reduce la factura y mantiene servicios durante cortes de luz. El garaje incluye tomas de 20 A para carga de vehículos eléctricos.
El diseño bioclimático aprovecha la orientación, la radiación solar y los vientos predominantes para lograr climatización pasiva. En La Casa G se analizó el terreno con herramientas CAD y se simuló el recorrido del sol en distintas estaciones para optimizar la entrada de luz en invierno y minimizar el sobrecalentamiento en verano.
La casa cuenta con 80 m² de galerías al noroeste que protegen del sol alto del verano y dejan entrar el sol bajo del invierno, generando un microclima confortable. Las ventanas orientadas al norte son generosas para captar luz y las del sur se dimensionaron para reducir pérdidas. Un living de doble altura con ventanal superior regulable utiliza el efecto chimenea para extraer aire caliente en verano y aporta iluminación natural. En espacios internos se sumaron túneles solares que llevan luz desde la terraza, y se utilizan persianas de aluminio tipo barrio para control solar fino.
Las aislaciones son clave para la eficiencia. Se colocó poliestireno expandido en muros, pisos y techos, alcanzando una performance térmica cinco veces superior a la construcción estándar y superando en 100% la exigencia de la Ley 13.059/03 de la Provincia de Buenos Aires. Las aberturas cuentan con DVH (doble vidriado hermético) con perfiles de PVC Rehau, que aportan aislamiento térmico y acústico.
Las persianas de aluminio tipo barrio, al cerrarse, generan una cámara de aire adicional que refuerza el confort. El resultado práctico: en verano solo se requieren unos pocos días de aire acondicionado; el resto se resuelve con ventilación nocturna/temprana y control solar. Menos consumo energético implica menos emisiones y menos costos de operación durante toda la vida útil de la vivienda.
La Casa G capta, reutiliza y trata el agua para ahorrar más de 500.000 litros al año. El sistema incluye: (1) captación de aguas de lluvia desde techos y balcones hacia cisternas enterradas de 10.000 litros para riego, limpieza y alimentación de inodoros; (2) reutilización de aguas grises (duchas, lavatorios y lavarropas) mediante filtrado para riego de cerco y canteros (≈200.000 litros anuales); (3) tratamiento de aguas negras mediante biodigestor, que deriva efluente tratado al riego subterráneo del cerco perimetral y permite retirar lodos secos cada dos años para uso como fertilizante.
Para uso responsable se emplean griferías y duchas con aireadores, inodoros de doble descarga (3/6 L) y un sistema de ósmosis inversa que corrige el exceso de arsénico presente en el agua de la región, evitando la compra de agua envasada.
La piscina se diseñó con desborde finlandés y una profundidad promedio de 1,30 m para reducir volumen, dimensionar equipos de filtrado más pequeños y disminuir consumo de energía y químicos. El desborde retira la suciedad del espejo de agua antes de que se disuelva o llegue al fondo, lo que permite acortar tiempos de filtrado.
Para minimizar el cloro se usa ionización (iones de cobre y plata) que combate bacterias y algas sin afectar la salud. El revestimiento vítreo oscuro ayuda al calentamiento pasivo y el excedente de energía solar del verano se aprovecha para calentar hidromasaje y piscina con intercambiadores. Desde el primer día opera el mismo robot limpiafondos con filtros lavables, reduciendo uso de bombas y frecuencia de retrolavados. Resultado: una piscina limpia todo el año, con mínimo impacto ambiental.
Se priorizaron materiales con bajo impacto ambiental, cercanía geográfica y certificaciones: porcelanatos con 20% de materiales reciclados en planta baja; pisos multiestrato con madera certificada FSC en planta alta; puertas de madera de bosques de cultivo; pinturas al agua de bajo VOC; pegamentos sin compuestos orgánicos volátiles.
Muebles de cocina y lavadero con tableros FSC y mesadas con 75% de componentes reciclados aglutinados con polímero de base maíz; espacios de separación de residuos con seis contenedores rotulados; bancales de huerta y compostera en madera plástica reciclada; maceteros fabricados a partir de envases de Tetra Pak; placares con tableros FSC. Cada decisión busca reducir huella de carbono y demostrar que la sustentabilidad puede ser estética y funcional.
La Casa G integra Home Assistant para controlar y automatizar sistemas locales y remotos usando el protocolo Zigbee (robusto y de bajo consumo, sin interferir con Wi‑Fi). Las rutinas georreferenciadas ajustan climatización, luces y seguridad según presencia; se monitoriza consumo eléctrico, generación solar, temperatura y humedad por ambiente.
Se controla iluminación exterior, pasillos y garaje; funciona como central de alarma con sensores de movimiento, humo y fugas de agua; gestiona música funcional, filtrado de piscina, calidad del aire y alertas por exceso de CO₂; opera el riego de jardín, huerta y balcones y el alimentador de mascotas. La puerta principal suma videoportero y cerradura con PIN, huella y NFC, evitando llaves y permitiendo apertura remota. Todo se maneja desde el celular o por voz (Siri).
El costo depende de tecnologías y materiales. La diferencia suele ubicarse entre 5% y 20% respecto de una obra tradicional; sin embargo, se compensa por el ahorro operativo. Aislaciones térmicas y colectores solares para agua sanitaria se amortizan en 4–6 años; fotovoltaica alrededor de 10 años según tarifas y esquema de inyección (net metering).
La recomendación es establecer prioridades desde el diseño y prever ampliaciones futuras. Muchos recursos (como el diseño bioclimático y la buena envolvente) no encarecen significativamente y generan ahorros desde el primer día.
Debería demorar menos si se emplean sistemas constructivos modernos, que además ofrecen mejor desempeño térmico. La etapa de proyecto (definición, planos y proveedores) demanda usualmente 2–3 meses; en La Casa G se sumaron ~3 meses de investigación sobre normas y prácticas (LEED, BREEAM, Passivhaus, manejo de aguas, etc.).
Se puede en cualquier lugar. No existe un único modelo: cada proyecto debe relevar clima, recursos y servicios disponibles. En obra nueva es relativamente sencillo; en edificios existentes es más complejo pero viable, priorizando mejoras de envolvente, control solar, iluminación natural, eficiencia en climatización e incorporación de energías renovables donde sea posible.
Conocer el clima local (temperatura, humedad, lluvias, vientos, asoleamiento) y el suelo. Definir materiales por cercanía y disponibilidad de mano de obra calificada. Integrar desde el inicio: diseño bioclimático, aislaciones eficientes, aberturas con DVH, control solar, recuperación de aguas, energías renovables y separación de residuos.
Complementar con hábitos: consumo responsable, mantenimiento preventivo, riego eficiente, compostaje y educación ambiental para la familia.
Se evaluaron LEED (Leadership in Energy & Environmental Design), Passive House y BREEAM. La Casa G pudo ser la primera vivienda con LEED en Argentina, pero requería auditor LEED for Homes desde EE. UU., sin disponibilidad local en ese momento. Se optó por no hacerlo para destinar recursos a otras áreas y evitar la huella de carbono asociada a los viajes.
Aun así, se incorporaron muchas de sus recomendaciones y se aplicaron normas de manejo de aguas grises del Estado de California. Una autoevaluación bajo el sistema LEED arrojó 88 puntos, equivalente a nivel LEED Platinum.
Las ciudades pueden entenderse como organismos vivos: barrios como órganos y edificios como células que requieren agua, energía y materiales y generan desechos. La densidad puede mejorar la sostenibilidad si hay infraestructura adecuada. En urbes compactas se acortan distancias y se reduce la huella de transporte, y se optimiza el uso y reciclaje de agua, energía y residuos.
La generación distribuida y el rol del prosumidor (quien consume y a la vez genera energía) crean redes más resilientes. Priorizar aislaciones en envolventes y sistemas compartidos de climatización puede reducir costos y materiales, elevando el confort y la eficiencia.
Se buscó un entorno con costumbres de campo y contacto cotidiano con la naturaleza, manteniendo cercanía con la ciudad. Cañuelas está a ~60 km de Buenos Aires, con autopista, tren y combis; cuenta con oferta educativa, supermercados, comercios y propuestas culturales. Está a 30 minutos de Canning (cines y shopping) y a 45 minutos del aeropuerto de Ezeiza.
Las Cañuelas Club de Campo ofrece club house con vista al lago, confitería, gimnasio, canchas iluminadas, tres piscinas, quincho, servicios subterráneos (luz, agua, fibra óptica), seguridad 24 h con cerco y cámaras termográficas, calles iluminadas y arbolado añejo. Incluye cancha de golf de 9 hoyos homologada por la AAG.
Aporta confort con conciencia: agua caliente prácticamente ilimitada por energía solar, climatización de bajo consumo con regulación independiente, calidad del agua mejorada por filtrado y ósmosis, aire saludable con monitoreo de CO₂, iluminación natural optimizada y domótica que simplifica tareas cotidianas.
La piscina se mantiene limpia todo el año con mínima energía y químicos; la cocina de inducción resulta más eficiente y segura; y los hábitos de separación y compostaje cierran ciclos con la huerta e invernadero.
Se trabaja sobre tres ejes: (1) consumir menos y mejor (evitar plásticos de un solo uso, preferir productos locales y de estación); (2) usar eficientemente (iluminación LED, sensores, regulación por ambientes, riego por goteo); (3) reciclar y devolver a la tierra (compost, separación en seis categorías, biodigestor).
La educación ambiental familiar y la visibilidad de los sistemas (mediciones en tiempo real) ayudan a sostener los hábitos en el tiempo.
La presencia de paneles fotovoltaicos genera curiosidad y suele ser el primer tema de conversación, pero la verdadera diferencia está en más de 50 tecnologías ‘invisibles’ que conforman una casa sustentable. Un prejuicio común es asociar ‘casa verde’ con ‘casa cara e inaccesible’. La realidad es que una vivienda sustentable puede ser de cualquier tamaño y estilo, en cualquier lugar; muchas medidas son de bajo costo y alto impacto.
La Casa G fue grande por necesidad de ser vidriera tecnológica y de difusión, con apoyo de sponsors; no es condición para que una vivienda sea eficiente.
Se prefieren materiales durables con bajo mantenimiento (mínimo uso de elementos ferrosos y carpinterías que demanden pintura periódica). La elección de proveedores cercanos y materiales producidos bajo normas ambientales reduce huella y simplifica logística.
La automatización no es un fin en sí mismo: se usa para ahorrar energía y elevar el confort. Escenas y reglas apagan luces en pasillos y exteriores cuando no hay movimiento; se ajusta la climatización por presencia/geolocalización; se programa riego según clima; se controla la calidad del aire y se automatiza la ventilación cuando sube el CO₂. La plataforma permite auditorías de consumo y generación, facilitando decisiones informadas.
Con túneles solares y ventanas estratégicamente orientadas se evita el uso de luz artificial durante el día. Por la noche se utiliza iluminación LED, más eficiente, de baja temperatura y sin mercurio. El control por presencia y horarios reduce consumos residuales.
El DVH reduce pérdidas térmicas y mejora el aislamiento acústico. Los perfiles de PVC (Rehau) ofrecen buen desempeño térmico y durabilidad. Las persianas de aluminio al cerrarse crean una cámara de aire adicional y permiten control solar preciso, clave para el confort en cada estación.
La seguridad se integra a la domótica para evitar sistemas independientes y redundantes: sensores de movimiento, humo y fugas de agua, videoportero y cerradura con PIN/huella/NFC permiten acceso sin llaves físicas y control remoto, reduciendo riesgos y desplazamientos innecesarios.
La huerta orgánica, con riego por goteo, invernadero y bancales, demanda poco mantenimiento y se integra al ciclo de compostaje. La familia participa en tareas básicas y prioriza alimentos frescos de estación, locales y simples, evitando ultraprocesados, conservantes y enlatados.
Se planificaron espacios específicos en cocina y lavadero para separar en origen: orgánico compostable, orgánico no compostable, papel/cartón, plástico, vidrio y metal. Los orgánicos (excepto carne, huesos y grasas) se compostan y vuelven a la huerta. El resto se dispone de manera diferenciada para impulsar la economía circular.
La diferencia radica en el diseño, selección de materiales y su implementación racional, el manejo de residuos de obra, el cuidado del agua y del entorno. Se busca el mayor confort con el menor consumo posible aplicando estrategias pasivas y sistemas eficientes desde el proyecto.
No existen materiales imprescindibles: lo central es el criterio. Priorizar origen local, certificaciones (ISO 14001, FSC), componentes reciclados, eficiencia (Energy Star), pinturas y pegamentos sin VOC. En La Casa G se usaron porcelanatos con 20% reciclado, pisos multilaminados FSC, placares con placas melamínicas FSC, mesadas con 75% reciclado y polietileno recuperado en cimientos.
La Ley 13.059/03 de la Provincia de Buenos Aires establece exigencias de transmitancia térmica (k) para muros menores a 1 W/m²·K, aunque en la práctica aún se construye con ladrillo cerámico con k > 1,75. Falta control municipal e información sobre materiales disponibles. Adoptar aislaciones que lleven el k por debajo de 0,50 mejora sustancialmente el desempeño y el confort.
Se seleccionaron especies autóctonas de bajo requerimiento hídrico y se ubicaron estratégicamente para maximizar sombra y crear microclimas. Por ejemplo, el frondoso cerco sur protege a la casa de los vientos fríos predominantes en invierno. Al momento de construir la casa se colocó un árbol en el centro de la galería y una abertura superior para favorecer la circulación del aire caliente que pudiera quedar atrapado bajo la superficie vidriada en verano, mejorando la circulación natural. Finalmente se optó por cubrir la galería con tejidos que aportaran mayor sombra en lugar del vidrio.
El proceso comenzó con bosquejos a mano alzada y continuó con modelado CAD. La maqueta virtual se analizó según posiciones solares en horarios y estaciones, lo que permitió ajustar aleros, galerías y superficies vidriadas para regulación pasiva de calor y luz.
La plataforma controla música funcional por ambientes, opera bombas y válvulas del sistema de filtrado de piscina, monitorea calidad del aire y variables meteorológicas, y gestiona riego en jardín, huerta y balcones. Incluso permite operar un alimentador de mascotas, integrando comodidad con uso responsable de recursos.
Cuatro colectores solares térmicos calientan agua almacenada en dos termotanques de 300 L, cubriendo la mayor parte del año el consumo sanitario y aportando excedentes para hidromasaje y pileta. Doce paneles fotovoltaicos aportan entre 30% y 50% del consumo eléctrico en verano; el sistema con baterías de litio asegura continuidad ante cortes y está preparado para cuadruplicar capacidad.
La cocina utiliza anafes de inducción (≈60% más eficientes que el gas) y horno eléctrico convector. El garaje cuenta con tomas de 20 A para recarga de vehículos eléctricos.
La Casa G fue ganadora de los Premios Verdes, los "Oscar" a la sostenibilidad de la región en la categoría energía y numerosos reconocimientos al liderazgo sostenible, como por ejemplo el Premio de la Cámara de Comercio Argentina Británica (BRITCHAM Argentina). Se dieron charlas en múltiples ámbitos, incluyendo TEDx Bahía Blanca. La difusión ayudó a impulsar leyes, programas educativos y a reducir barreras de adopción de nuevas tecnologías en viviendas.
Se lanzó el curso online ‘La casa sustentable’, con módulos de diseño bioclimático, materiales y aislaciones, cuidado del agua, piscina ecológica, conservación de la energía, hábitos en el hogar y consumo responsable, con videos, entrevistas y documental. Es uno de los cursos más populares de habla hispana y cuenta con apoyo de empresas comprometidas con la sostenibilidad.
Más información y acceso están disponibles en el sitio de La Casa G.
Bajo el esquema económico actual es complejo lograr el 100% de sustentabilidad. La Casa G buscó el máximo equilibrio entre eficiencia, materiales responsables y tecnologías accesibles, sin caer en soluciones de baja durabilidad o modelos futuristas poco replicables. No es la casa perfecta: es un escalón necesario hacia viviendas cada vez más sostenibles.
La geotermia fue descartada tras estudios de suelo (agua a 1,5 m), optándose por aerotermia. Se confirmó que, al no haber gas en el barrio, el enfoque 100% eléctrico y las aislaciones cobraban aún más sentido. La expectativa de quita de subsidios y regulación tarifaria tardó en materializarse, pero fortalece la amortización de las tecnologías renovables.
La domótica registra CO₂, temperatura y humedad por ambiente y emite alertas para ventilar cuando se exceden umbrales. Esto evita ambientes cargados, mejora la salud y reduce la necesidad de climatización al usar ventilación natural de manera inteligente.
Los anafes de inducción son más eficientes (≈60% frente a gas), brindan control preciso de temperatura, menor tiempo de cocción y mayor seguridad (la superficie no calienta sin olla). Eliminan combustión en interiores, mejorando la calidad del aire y reduciendo emisiones.
El sistema fotovoltaico con baterías de litio mantiene servicios críticos y la vivienda está preparada para escalar capacidad. La automatización permite priorizar cargas, y la climatización por aerotermia, combinada con la inercia térmica de la envolvente, sostiene el confort por más tiempo sin consumo.
Monitorear generación, consumo, temperatura, humedad y calidad de aire en tiempo real permite detectar desviaciones, optimizar horarios de uso, definir inversiones y validar ahorros. La información hace visible lo invisible y consolida la cultura de sostenibilidad en la familia.
Recordar que una vivienda implica un compromiso social y ambiental de ~100 años. Integrar desde el inicio diseño bioclimático, envolventes eficientes y cuidado del agua; seleccionar materiales certificados y de origen local; prever espacios para separación de residuos; y educar a usuarios en hábitos de operación.
La experiencia derivó en una mirada inspirada en la naturaleza: usar solo la energía necesaria; reciclar materiales; ser resiliente a disturbios; optimizar más que maximizar; operar con información; emplear procesos y materiales seguros; construir con recursos abundantes; sintonizar con el ámbito local y usar la forma para la función. Estos principios guiaron decisiones de diseño y operación.
Más de 50 empresas aportaron materiales y tecnologías a cambio de un plan de marketing y difusión disruptivo de dos años. La casa fue una vidriera que aceleró la adopción de soluciones sostenibles en el mercado local, demostrando desempeño real en una vivienda habitada por una familia.
La automatización programa ciclos de filtrado en función de temperatura y uso; esto en conjunto con el uso del robot limpiafondos reduce retrolavados. La ionización disminuye la dependencia del cloro, y el desborde finlandés mantiene el espejo limpio con menos tiempo de bomba. El resultado es agua de calidad y menor consumo energético.
Además de filtrado, se utiliza ósmosis inversa para corregir el exceso de arsénico propio de la región. Esto evita comprar agua embotellada, reduce residuos plásticos y asegura agua segura y de buen sabor directamente del grifo.
El concepto es altamente replicable: las ideas centrales (bioclimática, envolvente eficiente, gestión del agua, renovables y domótica racional) pueden adaptarse a distintos contextos, escalas y presupuestos. La tecnología se vuelve más accesible con la economía de escala y la difusión de casos prácticos.
Tras 12 años de habitarla, con hijos ya adultos, la casa quedó grande y se busca una nueva familia sustentable para continuar su historia. Es la oportunidad de que quienes adopten la vivienda sigan impulsando buenas prácticas y aprovechen el ecosistema construido.
El suelo radiante distribuye el calor de manera uniforme y confortable mediante agua caliente que circula por circuitos independientes. La sectorización permite ajustar la temperatura por ambiente según uso y horario, evitando calentar zonas desocupadas. La baja temperatura de impulsión mejora la eficiencia de la aerotermia y reduce picos de consumo.
Además, al no generar corrientes de aire, se evita la resuspensión de polvo y se mejora la calidad del ambiente interior, un aspecto importante para personas con alergias o sensibilidad.
Se relevan potencia instantánea y energía diaria/mensual, curvas de demanda por circuito (climatización, iluminación, bombas), rendimiento de paneles FV, estado de baterías, temperatura y humedad por ambiente, humedad de suelo para riego y otros tantos.
Estos indicadores permiten detectar derivas (por ejemplo, una bomba que queda encendida), ajustar horarios de mayor eficiencia y validar el impacto de mejoras (nuevas aislaciones, cambios de luminarias, etc.).
El primer arreglo de 12 paneles se dimensionó para cubrir entre 30% y 50% del consumo estival, cuando la demanda de climatización es mayor. La incorporación de baterías garantiza autonomía en cortes y permite aprovechar excedentes. Se dejó prevista la posibilidad de cuadruplicar capacidad con mínima intervención, reutilizando la infraestructura existente.
Es un sistema donde el agua rebosa de manera uniforme por todo el perímetro hacia un canal colector. Esto retira partículas en superficie de manera continua, mejora la estética del espejo de agua y reduce la necesidad de skimmers y tiempos de filtrado, con el consecuente ahorro energético.
La ventilación cruzada se logra ubicando aberturas enfrentadas para que el viento recorra los ambientes y extraiga aire caliente. El efecto chimenea aprovecha que el aire caliente asciende: un ventanal alto regulable permite su salida en verano, reduciendo la carga térmica. El diseño de doble altura y las galerías potencian ambos fenómenos de manera pasiva.
El biodigestor reduce el impacto de aguas negras, transforma residuos en efluente apto para riego subterráneo y genera lodos secos que se extraen cada dos años y pueden usarse como fertilizante. Su funcionamiento demanda bajo mantenimiento y evita el uso de pozos ciegos o sistemas más agresivos con el entorno.
La ósmosis inversa asegura agua libre de arsénico y de excelente sabor; el uso de anafes de inducción evita combustión interna y mejora la calidad del aire; y los sensores de CO₂ advierten cuando es momento de ventilar. Todo el sistema está pensado para reducir riesgos y promover un hogar saludable.
Desde el inicio se compartieron avances de obra, técnicas y productos en redes y sitio web, con lenguaje claro y recomendaciones prácticas. La transparencia y el aprendizaje colectivo multiplicaron el impacto: arquitectos y familias se acercaron para conocer la casa y aplicar soluciones en sus propios proyectos.
Aireadores en griferías, duchas eficientes, doble descarga en inodoros, reutilización de aguas grises en riego, captación de lluvia para limpieza y sanitarios, y vegetación autóctona de bajo consumo hídrico. La combinación de medidas tecnológicas y hábitos permite ahorros significativos sin perder confort.
En edificios, la prioridad pasa por mejorar la envolvente (cambio de DVH, sellos y cortinas térmicas), sumar control solar (toldos, persianas), optimizar iluminación (LED y sensores), incorporar filtros de agua en cocina, separar residuos en origen y, cuando sea viable, sumar energía renovable compartida en azoteas o apostar por microrredes y generación distribuida.
El confort depende de temperatura, humedad relativa, movimiento de aire y radiación. Las aislaciones, la masa térmica y el control solar reducen la radiación sobre el cuerpo; la ventilación cruzada aporta movimiento de aire; y la humedad adecuada evita sensaciones extremas. La Casa G integra estas variables de forma pasiva y activa.
No hace falta hacerlo todo de una vez. Empezá por el diseño y la envolvente, cuidá el agua, sumá medición y hábitos. Elegí materiales responsables y planificá las renovables para etapas futuras. Cada decisión suma y la casa se convierte en un aliado para vivir mejor, gastar menos y cuidar el planeta.
Solarcoin es una criptomoneda creada para incentivar la generación de energía solar: otorga tokens por cada MWh producido. La Casa G fue la primera casa en Argentina en minar Solarcoin, como parte de su misión de promover renovables y explorar modelos que reconozcan el valor de la generación distribuida.
CasaE, presentada en 2010 por BASF, fue una referencia inicial sobre eficiencia energética en Sudamérica. Si bien funciona como showroom y no está habitada, aportó ideas sobre materiales y sistemas que luego se adaptaron a una vivienda real como La Casa G, con mediciones y uso cotidiano por una familia.
La investigación superó ampliamente lo estimado: se invirtieron más de 3.000 horas en relevar tecnologías, normas, proveedores y soluciones disponibles localmente. Ese conocimiento se puso a disposición pública en sitio web y redes, para que otros no deban repetir todo el proceso y puedan acelerar sus proyectos.
Mito: ‘Son inaccesibles’. Realidad: muchas medidas son de bajo costo (diseño bioclimático, control solar, LED, aireadores, separación de residuos) y generan ahorros inmediatos. Mito: ‘Solo sirven en el campo’. Realidad: se pueden aplicar criterios sustentables en cualquier contexto urbano. Mito: ‘La tecnología es compleja’. Realidad: la automatización bien diseñada simplifica la vida y reduce consumos.
Los sensores de fugas en cocina y lavadero alertan inmediatamente ante pérdidas, evitando desperdicio de agua y daños materiales. La integración con el sistema permite cerrar válvulas, enviar notificaciones y registrar el evento para mantenimiento, reduciendo tiempos de respuesta.
Más allá del entretenimiento, la música funcional vinculada a escenas de iluminación y horarios crea ambientes agradables con bajo consumo. La gestión centralizada evita equipos redundantes y permite ajustar volúmenes por ambiente, manteniendo eficiencia y orden estético.
El riego se programa según humedad de suelo, pronóstico local y necesidades de cada sector (jardín, huerta, balcones). Evitar riegos en horas de evaporación elevada y regar a demanda reduce consumo de agua y mantiene plantas saludables, alineando confort y sostenibilidad.
Se priorizaron fabricantes y centros de distribución cercanos para reducir emisiones de transporte y costos logísticos. Además, se seleccionaron materiales producidos bajo normas de gestión ambiental (ISO 14001) y con contenido reciclado, para disminuir impactos desde la extracción hasta la disposición final.
La combinación de storytelling, datos técnicos y demostraciones prácticas generó efecto contagio: familias y profesionales adoptaron aislaciones, DVH, recupero de agua y LED; y se animaron a incorporar domótica y renovables. El proyecto mostró que la sustentabilidad no es moda, es una mejora tangible del confort y la economía del hogar.
La Casa G se alineó con la evolución normativa de generación distribuida, promoviendo el rol del prosumidor y el net metering. Aunque los tiempos de implementación variaron, el marco impulsa redes más resilientes y acelera la amortización de la fotovoltaica, integrando hogares a un sistema energético más inteligente.